Mi problema ahora no es la tinta del papel, es la que se queda en el tintero.
Así de sencillo.
Así de sincero.
7 de marzo de 2015
4 de marzo de 2015
16 de febrero de 2015
Aves nocturnas
Es la rabia y la
desgana contenida la que desborda bordes infinitos. Son los quizás y la nada
del final. Son voces mudas y yo sorda de escucharlos volver a venir. Venir para
quedarse estáticos, y yo dinámica nocturna insomne como tantas otras veces.
Mientras mírales, todos ellos con su final y sus perdices. Yo, aquí sola subiéndome
por los muebles cual nómada feliz. Pero de feliz nada, eso déjaselo a ellos que
yo estaré bien en cuanto vuelva a dormir.
Tú mantenme
callada y habladora a la vez. No sea que se me vuelva a escapar el alma por los
labios y yo la muerda con los dientes para no dejarla ir. Entonces ya me dirás
qué clase de médico arregla almas rotas por mordiscos venideros con esta lluvia
de acero. Que nunca me fie mucho de las ambulancias sin alarma en las avenidas
corriendo aprisa. Y así, una y otra vez, dando vueltas y vueltas en el mismo
carrusel con tráfico de almas me voy dando cuenta de que las mejores son las
amalgamas. Esas que están hechas a partir de pedacitos de ti y de mí.
9 de febrero de 2015
Entre las dos
De las dos a las
tres me diluí en un suspiro y un cubata medio lleno en algún sitio perdido vete
tú a saber. Luego dicen que por qué no bailamos y cargamos con cien mil ramas
que pesan más que todo nuestro ayer, aunque el fuego se va a apagar igual. Lo
que no saben es que el fuego permanente nos importa más que nuestra propia
vida. Entonces nos volvemos indios llamando descalzos a sus canciones hermanos
y hermanas. Con palmas y llama(ra)das a la noche estrellada entre nubes y
escarcha. Con las luces de un fuego brillando en pleno invierno y lluvia de
cenizas de El principito. Luego
hablan que si un acordeón, un silbido híbrido entre violín y grito en el
altavoz. Que si lejana ausencia la de aquel que me dejó estando tan cerca. Pero
no, la mudanza de sentimientos y mecánicas de cuerpo la hice yo.
No sabría decirte
en qué momento me encadenó esa ausencia latente. Ni cuándo fue que volví a
verte como el ciego que ve por primera vez. O cuándo me evaporé de mí misma
para convertirme en ti otra vez. Que con charlas nocturnas entre gatos y piedra
y cartón me sinceré un tanto. Y a lo mejor si me busco algún trabajo por cuatro
perras me vaya bien. O mal. Quién sabe. Pero todo este no-estrés me está
volviendo loca, ¿o soy yo la que me estoy volviendo con él?
A movement between these two - Hola a todo el mundo
7 de enero de 2015
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