Oye, que está lloviendo a mares.
Y es que...
"Él corría, nunca le enseñaron a andar,
se fue tras luces pálidas.
Ella huía de espejismos y horas de más."
4 de noviembre de 2014
25 de octubre de 2014
Detrás de mí
Tras de mí dejé
una espalda, o quizá un rostro y unas manos y unos brazos. Quizá un nombre, o tal
vez unos cuantos. No lo sé, él siempre tuvo varios. También dejé innumerables páginas
sin nombre de autor, que con el Ballantines
siempre me duele la cabeza y me olvido de escribir decentemente. Entonces
es cuando escribo la palabra follar sin
avergonzarme, o que aquellos ahora desconocidos comenzaron a ve(r)sarse, porque nunca se
besaron sinceramente. Ellos solo se miraron como quien mira la flor que nació
en medio del asfalto de la A-92.
Pero hoy no, hoy
dejé atrás todos esos recuerdos. Por dejar he dejado hasta las sábanas de cuyo
hombre no quiero acordarme. O la línea, la página y el autor que una vez me
enamoró, que proceso hermoso solo fue mientras duró. Que ya lo gritó Lotte en
su día, y de la nada ¡Klopstock! Y es que no, cariño,
no. Que el whisky bebido hace horas con las amigas de mi hermana en el salón
empieza a darme vueltas y vueltas y al final quien acaba mareada soy yo. Que
para decir tres verdades primero me tengo que perder en el callejón. Sin
salida. Y después, una vez me encuentres así, toda hecha una guirnalda o una
margarita me tienes que desnudar, poco a poco, que sino los dedos se te lían en
las cuerdas y más liada me quedo yo. Ahora solo queda decirte las verdades antes de que se nos haga tarde . Porque el amor, esa palabra…
Von – Sigur Rós
15 de octubre de 2014
Marido de cama
Hace meses que no
sé nada de aquella que fue musa durante años. Aún hoy sigo sin entender por qué
vuelves a aparecer por mi mente a estas horas tan tardes, pero lo importante es
que una parte tuya volvió a mí.
–A veces no llego
a comprender cómo soportas ser como eres. Siempre tan desastre. Siempre tan de
dormir con cualquiera sin que te importe.
-No es cuestión
de importancia o que sea una cosa u otra -formulaste con tu respiración a tres
milímetros de mí.
-¿Qué es
entonces?
-Supongo que la
hipocresía del mundo –dijiste con una sensatez hasta entonces desconocida-. O
supongo que no tengo los complejos que tiene la gente para hacer ese tipo de
cosas. Ya sabes, todos muy de “vive la vida” y luego no son capaces ni de salir
de sus casas para soltar cuatro frases de verdad. Pues lo mismo en el amor. Es
todo una falsa, un teatro creado a base de poesía barata y estereotipos que nos
vende la televisión.
- Ya… está todo
muy prefabricado.
- Exacto. Si te
digo la verdad, yo creo que si me caso será en una cama. No, no me refiero a
casarme con la cama como dicen todos
los gilipollas en rebaño, me refiero a casarme en la cama. Imagínatelo, sería la cosa más maravillosa del mundo.
-Explícate, mi
cabeza no está para muchas metáforas a estas horas.
- No hablo de
metáforas baka, te estoy hablando en
serio. No, no te rías. Piénsalo. Yo creo que la gente solo es sincera cuando
está tendida en la cama, de verdad. A lo mejor es porque en el colchón descansa
nuestro cuerpo y en la almohada las esperanzas, no sé. Quizás sea porque con
las sábanas todos nos sentimos más protegidos del mundo y cuando estamos con el
pijama puesto nos creemos más capaces de hacer que los sueños come true. Ya sabes de lo que hablo. La
gente dice que es al revés, que es en las camas donde más se miente: “no pares”,
“te quiero más que a nadie”, “mañana se hablará” y al final nunca se habla
nada, o lo mismo “que no pasa nada, que con condón no se siente nada”. Y nada, supongo que
llevarán razón, pero yo quiero creer que no. Que casarme en una cama es lo
mejor. Ser marido y mujer de cama. Luego por la casa ni te miro ni me visto,
¿para qué? Y así todas las noches serían nuestra luna de miel. Todas salvo el
domingo. El domingo queda excluso. El domingo le obligaría a hacer la vida en la cama. Como lo oyes, comer y
beber, escribir y leer, besarnos e ignorarnos, todo en una plataforma de ciento
sesenta por doscientos comprada en el IKEA con unas mantas de los chinos. Y lo
bonitas y naturales que quedarían las fotos de la boda, los dos desnudos, sin
nada puesto porque vestirnos de traje sería muy cliché. Lo mejor de todo es
que solo tendríamos que sernos fieles en la cama, y claro, fuera de ella la cosa
cambia. Podrías tener cien mil amantes que no pasaría nada. Y me los podría
follar a todos en la cocina, en el sofá, por las esquinas. Pero en la cama no. La
cama ni mirarla, ni pensarla, ni imaginarla. La cama es sagrada. Eso sí que
sería vida.
-Ahora estamos en
una cama.
Ella asintió.
-¿Quieres ser mi
mujer de cama esta noche?
Tell me if you wanna go home - Keira Knightley
7 de octubre de 2014
La puerta al final resultó girar
Hoy un viejo
conocido me dijo que tu vida se resumía en una simple metáfora. Sí, sí,
como lo oyes.
Me dijo que eras un turista indeciso atrapado en unas puertas giratorias típicas de un gran hotel de lujo. El problema es que no sabías salir de ahí y no hacías otra cosa más que girar y girar y girar. Ayer estuviste dentro, mañana estarás fuera. Dentro, fuera. Dentro, fuera. El problema es que nunca llegas a estar del todo dentro, ni del todo fuera, y así te va, o así nos va. Que el pobre hotel se hace viejo y tú al final acabas mareado de tanto girar.
Puta vida - Supersubmarina
5 de octubre de 2014
Ojitos negros
Mírale ahí, con
su carita de “solo pienso ir si me das algo que comer y al resto que le den”.
Te lo digo y no me lo pienso.
- Sí, sí, está
mejor ese.
Hay veces que una
dice las cosas sin pensar, como si tuviera el piloto automático encendido y en
su cabeza se van alternando las imágenes una tras otra, con pausas de tres
segundos creo. Y la felicidad me parece recordar que dijeron también que solo
duraba tres segundos y un suspiro, ¿o era lo que se tarda en coger el segundo
tren? Porque en el primero solo hay miedos o esperanzas, o ambos y algo que
en el fondo nos falta. Llámalo como quieras, como algo que empieza con la c, no
sé.
El caso es que él
estaba ahí sentado con cara dormilona y yo sin saber qué hacer. Que es pensar
que ya mismo las hojas caducas van cayendo y soy yo la caigo en este infierno,
porque ¿Qué será de mí sin tener a nadie que pasear en tardes crepusculares
cuando el sol tiñe todo de canela y chocolate? Es así, en este pueblo escaleno
llega octubre y solo puedes decir que se huele a amarillos, rojos e incluso a
rosas purpúreos a medida que la noche va entrando. Que baja el sol y las ramas danzan al son
del viento. Pero ya no, ya no habrás más tardes crepusculares ni vientos que
nos alcancen. Solo quedará un recuerdo diminuto para todo el mundo y
enorme para el resto, que papá dijo que ya mismo llega la navidad y ahí son todo
alegrías y festejos, y que lo que
haya pasado hasta entonces quedará muy lejos y poco a poco casi ni lo
recordaremos.
Two trees - Ludovico Einaudi
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