25 de octubre de 2015

Tiempo a las tres menos diez

Hoy voy a romper el espacio tiempo. Pero hoy diremos… Y hoy no vamos a decirnos nada.
Hoy a las tres volverán a ser las dos sin que nada nuevo suceda más allá de dormir una hora más o una hora menos.

Y espero que recuerdes el tiempo inverso, porque sé que en el inverso de este tiempo, estábamos tú y yo con la espalda apoyada en aquella iglesia que tenía más años que nuestra edad multiplicada y sumada por dos. Y que estábamos allí y de la nada recitaste la entrada casi entera: “Como a las tres volverán a las dos, diremos que nunca dije nada a las tres menos diez. Diremos que nunca te dije que te seguía queriendo y que te echaba de menos, y que a pesar de la distancia y el frío, aún olía el perfume de tu último abrazo”. Y lo dijiste así, de la nada, como si acordarse de ello fuera la cosa más natural del mundo. Yo casi me echo a temblar más de lo que estaba y las ganas de besarte eran tan grandes que no me cabían en las manos, que las tenía rodeadas en tus dedos tan bonitos que casi me hacían daño. Varios segundos después no pude más que preguntarte si era muy fría contigo, a lo que tú respondiste con una afirmación que casi me deja medio dormida.

Y es que aquellos vaivenes. Aquellas noches de temblar muertos de frío y emociones. Aquellas charlas nocturnas que casi me dejan ciega y aquellos bailes en mitad de la oscuridad sin que nadie nos viera… Nunca te llegarás a imaginar lo mucho que los echo de menos. Y que tú, estés donde estés, espero que estés bien.


Patience - Low Roar

29 de septiembre de 2015

Microtrazas

1º Parte


“Aturdido por dos nostalgias enfrentadas como dos espejos, perdió su maravilloso sentido de la irrealidad, hasta que terminó por recomendarles a todos que se fueran de Macondo, que olvidaran cuanto él les había enseñado del mundo y del corazón, que se cagaran en Horacio, y que en cualquier lugar que estuvieran recordaran siempre que el pasado es mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera.”
100 años de soledad – Gabriel García Márquez


En una tarde-noche de lo que es ya una eternidad lo comprendí todo, y es que de las heridas abiertas nacen flores. Entonces basta con presionar un poco el ombligo para que de él te salga hasta el alma. No es desagradable de ver, lo juro, lo he visto con mis propios párpados tapados y los oídos cerrados.

Esa tarde-noche A. comenzó a hablar y de repente vomitó margaritas, lilas y cintas. La sorpresa que me llevé ante tal inesperado desenlace fue inaudita. Yo, que por entonces tenía refugiados en mis entrañas a todos los cadáveres de mariposas y hormigas que en su día me recorrieron la barriga, no pude más que presionarme también el hueco que me queda en el esternón, con la tonta esperanza de sacarlos de una vez de la necrópolis que tenían allí montada. El final de todo esto es que seguimos caminando, ambos un poco cabizbajos y vacíos de pecho para abajo.


Y ayer, ciento cincuenta noches después, con un eclipse lunar que no llegamos a ver, exploté literalmente el vaso que un día contemplé llenarse de agua hasta rebosarme por la sien. Me fui tan lejos como me permitieron las piernas, y volví a sentirme temblar como un cíclope al chocar con la pared. Removí las certezas y mis dudas las dejé armadas hasta los dientes en casa. Volví a mirar la realidad como el ciego que ve por primera vez el pecho descubierto de una mujer. Hablé sin pararme a mirar las consecuencias y me guardé la fe en la chaqueta. 


Arte Moderno/Pequeña Gran Revolución - IZAL

19 de septiembre de 2015

Delirios

El whisky bebido hace justamente treinta y seis minutos empieza a dejar de hacer efecto y ya sabes que eso no me gusta nada. Que sólo puedo decirte (y hacer) ciertas cosas cuando tengo en la sangre tal cantidad de alcohol que hace que sienta la piel acartonada. Así que ahí va mi tanda de versos malditos guardados durante meses:

Y es que hoy me he vuelto a rizar el pelo, y a dejar largo el viaje a un norte que sólo está donde tú vayas.

Le he puesto tapa dura al libro, enlazado con lazos serpiente sin final ni presente, porque el ayer no sé dónde lo dejé.

 Y escuchar ciertas canciones en acústico con sólo una guitarra hace que grites tan bajito que apenas se te oiga en el Edén.

Hace horas que quiero vengas conmigo a Madrid y que nos podamos despedir de una vez por todas. O que te despidas de ellos conmigo. Ya me da igual. Ya me es lo mismo.

Dedícame al menos dos frases. Sólo con eso es suficiente, de verdad. Te lo digo desde el fondo del vientre y del frío de mi diciembre.



Puntos suspensivos – Vetusta Morla

16 de agosto de 2015

Vendaval

En cuestión de una semana me he aficionado a Fito, a buscar osos de goma en cócteles polares y a tomar tres pastillas al desayunar en restaurantes.

En esta semana me he sentado en esa plaza tan grande que se describía en ese libro donde los protagonistas resultaron ser familiares, he aprendido que también hay paisajes clorofila en pleno agosto porque allí si llueve es a raudales. He visto playas blancas rodeadas de rocas que peinan al viento y catedrales que te hacen subir tan alto como Remedios en Cien años de soledad.

Y una noche así de fría, volví a ver espectros en calles estrechas y altas como laberintos semi-descalzos. Entonces quise parar el tiempo, no por pararlo en un instante concreto o hacer eterno ese momento, sino por recorrer palmo a palmo todos esos callejones y descubrir quién se dejó el grifo con olores del pasado abierto. Porque como si de un elixir se tratase, me llevó a otra época, a otra parte.


Esta misma sensación de soledad/ Vendaval - McEnroe

2 de agosto de 2015

Futuro abismal

Esta noche he vuelto a suicidarme nada más llegar a casa.
He vuelto a ahogarme intentando respirar el aire 
que me traen estos vientos grises.
He vuelto a tirarme desde la ventana 
para encontrarme con las nubes y las estrellas fugaces.
He vuelto a dispararme con mi amor revólver
a ver si así llegaba al otro lado del puente, 
donde ya no quedan ni flores.
He vuelto a tragarme cien mil y una pastillas metafísicas 
para no dormir y despertarme.
He vuelto a dejarme llevar a doscientos kilómetros hora 
cual ave kamikaze, sin poder realizar un aterrizaje.
He hecho todo eso y mucho más, 
hasta poder entender esa diferencia abismal entre futuro y presente.


About Today – The National / Tears of Joy – Michael Giacchino

21 de julio de 2015

Dos caras

No sé si te pasa,
pero esto de no tener libros que arañar
y no poder quedarte en las uñas con la escarcha
lo echo en falta.
Y no saber qué hacer con las manos
siempre se me dio tan mal, que a veces las miro
y las hago volar, cual amapola feliz en su jardín,
aún sin tierra,
ni tallo,
ni raíz.

En estas rachas que me dan me vendo los ojos cual Justicia feliz
sin balanza ni espada.
Tampoco es que me moleste,
estar justo en el punto medio
fue lo único que se me dio bien.

Luego los benditos suicidios al llegar a casa
y ahorcarme desde la cama.

Luego pensar.
Qué está bien.
Qué está mal.
Que si un paso adelante y dos hacia atrás.
Que si ya no se me escucha al hablar.
Ya no hay más.
No hay más.

Nothing It Can - Helios